martes, 27 de marzo de 2012

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DEL APRENDIZAJE DE LA CULTURA A LA CULTURA DEL APRENDIZAJE

El actual deterioro de del aprendizaje está muy ligado a la cada vez más exigente demanda de nuevos conocimientos, saberes y destrezas que plantea la sociedad, con ritmos de cambio muy acelerados que exige continuamente nuevos aprendizajes.

Como señala Baddeley (1990), tanto los humanos como otras especies, tenemos dos mecanismos que nos permite adaptarnos al entorno:

1)    Programación genética: permite desencadenar pautas conductuales muy complejas que permiten la supervivencia, pero genera respuestas muy rígidas que no permite adaptarse a las situaciones nuevas.

2)   Aprendizaje: la posibilidad de modificar o moldear las pautas de conducta ante los cambios que se producen en el ambiente.

Los humanos somos los que disponemos de una inmadurez más prolongada, de un apoyo cultural más intenso, y de capacidades de aprendizaje más desarrolladas y flexibles que no pueden llegar a ser reproducidas por sistemas virtuales. Además, lo que más nos caracteriza es el lenguaje sumado al humor, la ironía y la mentira. Sin esas capacidades de aprendizaje no podríamos adquirir la cultura y formar parte de nuestra sociedad.



UNA BREVE HISTORIA CULTURAL DEL APRENDIZAJE

En el año 3000 a. C., la función del aprendizaje era meramente reproductiva, se trataba de que los aprendices fueran el eco de un producto cultural sumamente relevante y costoso, que permitiría con el transcurrir del tiempo un avance considerable en la organización social.

En la Grecia y Roma clásica, los contextos de formación se basan en culturas de aprendizaje diferentes. Además de la educación elemental, dedicada a la enseñanza de la lectura y la escritura, en Atenas se impartían clases de música y gimnasia, y en Roma existían escuelas de educación superior e incipientes universidades, cuya función era formar elites pensantes, y cuyos modelos de aprendizaje diferían del simple repaso y repetición. En la Academia de Platón se recurría un método basado en los diálogos y dirigido más a la persuasión que a la mera repetición de lo aprendido. La tarea principal del aprendiz era imitar o replicar el modelo que le proporcionaba el maestro.



HACIA UNA NUEVA CULTURA DEL APRENDIZAJE: LA CONSTRUCCIÓN DEL CONOCIMIENTO

La crisis de la concepción tradicional del aprendizaje se debe no tanto al empuje de la investigación científica y de las nuevas teorías psicológicas, como a la conjunción de diversos cambios sociales, tecnológicos y cuturales, a raíz de lo cual la imagen tradicional del aprendizaje sufre un deterioro progresivo.

La nueva cultura del aprendizaje se define por una educación generalizada y una formación permanente y masiva, por una saturación informativa producida por los nuevos sistemas de producción, comunicación y conservación de la información, y por un conocimiento descentralizado y diversificado. Parece que cada vez aprendemos menos porque se nos exige aprender más cosas y más complejas

La sociedad del aprendizaje

Los cambios que se producen en la actualidad nos obligan a estar en continuo aprendizaje, adquiriendo nuevos conocimientos y habilidades para el desempeño. La necesidad de “aprender a aprender” es básica para poder aplicar las estrategias adquiridas en los nuevos contextos que no nos permite seguir rutinas de aprendizaje.

La sociedad de la información

Las modernas tecnologías son muy accesibles y flexibles, por lo que los humanos, que somos auténticos informívoros y necesitamos la información para sobrevivir, podemos acceder a ella de una forma más cómoda que nos reduzca la incertidumbre para poder controlar y predecir los acontecimientos de nuestro entorno.

La sociedad del conocimiento descentrado

En la sociedad, donde antes había hechos y datos, ahora hay teorías, sistemas e interpretaciones; donde antes el narrador no formaba parte de la historia, ahora hay incertidumbre por el conocimiento, los modelos tradicionales del aprendizaje repetitivo son más limitados que nunca. Debe darse paso a un cultura de la comprensión, del análisis crítico, de la reflexión sobre lo que hacemos y creemos, no solo del consumo, mediado y acelerado por la tecnología.

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