En
el ámbito educativo, la dificultad de una tarea depende del número de alumnos
que son capaces de hacerla y cuántos no; de este modo, aquel alumno que no la
supere será “torpe” si la mayoría de sus compañeros la hacen bien, pues era una
tarea fácil. Con esta idea, los grupos sociales en la escuela están cada vez
más deteriorados, se dan mayores situaciones de conflicto, en los alumnos
catalogados de “torpes” hay un mayor índice de baja autoestima y los profesores
se conforman con los resultados de sus alumnos, no quieren ver que aquel que suspende
quizás necesite su ayuda, nadie se hace responsable de la situación.
Es
por ello, que estos alumnos “torpes” suelen esforzarse en conseguir metas
inalcanzables con tal de poder llegar al nivel de sus compañeros y de que le
reconozcan su trabajo bien hecho. Desafortunadamente, los profesores le
refuerzan que se planteen metas no realistas, en vez de ayudarles a ver que si
se plantean unos objetivos cercanos a sus capacidades, el refuerzo y satisfacción
posterior serán mayores, pues no fracasaran de forma continua.
En
un estudio realizado por De Charms en 1983, se puede extraer que los profesores
no usan los premios cuando la tarea planteada es difícil, cuando el estudiante
sabe que lo va a recibir, cuando este premio es insignificante… Debe tenerse en
cuenta que un exceso de recompensa es dañino, pues el sujeto empezará a
realizar las tareas por el premio posterior y no porque de verdad quiera
hacerla, y si tiene que hacer un tarea sin recompensa, elegirá una fácil que no
le suponga un esfuerzo extra. Además, se ha comprobado, que estos sujetos
sobre-recompensados, son menos creativos y asimilan peor la información
estudiada, pues se limitan a responder la cuestión planteada en el momento
justo. Es por ello, que los niños cuya motivación es extrínseca, tienden a
dudar de sus capacidades, de mostrar las conductas planteadas solo cuando saben
que van a ser reforzados.
Otro
aspecto que dificulta el aprendizaje son las calificaciones, los alumnos que
obtienen malas notas se desaniman y acaban por resignarse de que ellos no van a
ser tan buenos como los demás, y poco a poco se forman en los cursos ciertos
grupos de alumnos que no aprueban, pues ya no se esfuerzan por estudiar, ellos
no pueden hacer mayor esfuerzo del que hacen por aprobar, pues siempre
suspenden.
Es
por todo lo anterior, que debe producirse una renovación en el sistema
educativo que permita que todos los alumnos, sean “listos” o “torpes”, tengan
su lugar, que sean reforzados según sus capacidades y sus logros, no comparándolos
con los demás, pues cada niño es diferente y cada uno merece ser atendido por
lo que es y por lo que consigue.
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